Zaragoza
Zaragoza una continuación directa de Napoleón en Chamartín, con Gabriel de Araceli huyendo de Madrid tras su desencuentro con la familia de Inés, donde el ritmo de la saga sufre un frenazo considerable: en Zaragoza, la leyenda de los sitios pesa más que la narrativa de la novela. La novela nos traslada al brutal segundo sitio de la ciudad (ocurrido entre diciembre de 1808 y febrero de 1809), donde las tropas francesas asediaron sin piedad la capital aragonesa. Creo que, narrativamente, nada en el libro termina por funcionar. Aún asím Galdós es Galdós y es imposible negar la increíble capacidad que tenía para dar forma a los ambientes, las ciudades y las personas.
Esta vez, tuve al sensación de que la narración de los sucesos bélicos está lo suficientemente simplificada como para no aportar detalles lo suficientemente específicos para saber lo que ocurrió estratégicamente; por el otro, se alarga tanto que acaba resultando ligeramente repetitiva y aburrida.
En todos los episodios nacionales hay tramas que ocurren mientras la historia de verdad va sucediendo, pero en este caso el romance de Agustín y María Candiola está falto de originalidad, es demasiado genérico, una conflicto demasiado repetido. En los episodios anteriores, había un contraste entre el pueblo llano y los ricos cortesanos de Madrid que daba bastante juego y color; aquí sólo hay pueblo llano luchando contra el hambre y tifus expandiéndose por una ciudad que sabes desde el inicio que va a caer.
Y es que el cambio de tono en este volumen es radical. Hay un capítulo específico donde Galdós cambia el tiempo del narrador a la primera persona para describir la demacrada situación de la ciudad. Se nota demasiado el empeño del autor por recalcar el sufrimiento de la gente, hasta el punto de que no hay una pizca de humor, tan típico de Don Benito.
Incluso Palafox aparece prácticamente para ser nombrado pero sin mucha pena ni gloria, teniendo en cuenta que la historia lo encumbró como el gran héroe y líder de la resistencia aragonesa; aquí se queda en un mero elemento decorativo eclipsado por el drama de la masa.
Si en el episodio anterior ya veíamos a una España abocada a navegar a la deriva, en este cruzamos un umbral oscuro que culmina en un cierre deprimente, con el pueblo de Zaragoza completamente condenado y Gabriel abandonando por la puerta de atrás. Un bache en los Episodios Nacionales que hay que pasar por pura completitud, pero que se queda muy lejos de los mejores momentos de la saga.