Bailén
Esta entrega empieza directamente después de la anterior, donde Gabriel estaba a punto de ser fusilado. Para sorpresa de nadie, Gabriel sobrevive y, después de ponerse al día de la situación del país y de Inés, parte hacia Córdoba en busca de esta. En esta entrega Galdós se propone la narración de la batalla de Bailén en 1808, una de las primeras batallas de la Guerra de la Independencia española, donde se enfrentaron las tropas francesas al mando del general Dupont y las españolas, compuestas por una mezcla de tropas regulares del Ejército de Andalucía y milicias de voluntarios, al mando del general Castaños y del general Teodoro Reding. La batalla es reseñable porque fue la primera gran derrota de la Francia de Napoleón.
Si pensaba que en la anterior entrega Galdós había logrado combinar perfectamente la divulgación histórica con la narración novelística, en esta creo que da un paso atrás en este aspecto. Hay una clara diferenciación de la parte divulgativa, donde se dan todo tipo de detalles históricos, específicamente bélicos, y otra parte, con un tono más distendido, donde se narra la historia de Gabriel, sus líos amorosos con Inés, el papel de Santorcaz, el de Amaranta etc. En otras entregas, Galdós pone la verdad en la boca de pobres y marginados; aquí Santorcaz llega a definir cómo serán las sociedades en un futuro: las decisiones serán tomadas colectivamente y no por decisión del rey, poniendo de ejemplo el levantamiento de Madrid en contra de la monarquía francesa. Santorcaz representa la modernidad, algo así como el germen de las ideas francesas de la Ilustración.
Sin embargo, el libro tiene un gran valor como fuente de información histórica. Me llamó mucho la atención conocer que había tropas suizas, en el bando español, y polacas, en el bando francés, luchando en las filas españolas y, siguiendo el patrón de otras entregas, cómo se reconoce con honor la fiereza de los rivales y, en especial, el coraje del pueblo español por unas tropas que estaban arrasando en toda Europa.
Hay que hacer una mención especial al pasaje donde Galdós homenajea al Quijote, pasando por esas tierras de Castilla, trayendo a la memoria del lector la batalla contra los supuestos gigantes cuando Gabriel divisa los molinos.
Como cierre, he disfrutado de la lectura, pero creo que, en esta entrega, Galdós no logra el objetivo que se propone con los episodios; para mí, se nota demasiado la costura entre la parte histórica y la parte novelística.