Las máscaras del héroe

Juan Manuel de Prada 1996 ✦✦✦✦✦

Leído el 2026-06-05

novela españa

Las máscaras del héroe no es un texto luminoso; es barroco, escatológico y con una prosa llena de enredaderas y terceras acepciones del diccionario. Es un recorrido por las cloacas de la bohemia literaria madrileña del primer tercio del siglo XX. En sus más de 600 páginas, Juan Manuel de Prada plasma una visión pesimista y descarnada de la España que se dirigía ciega hacia la Guerra Civil, una visión donde prácticamente nadie se salva.

La novela es una obra asfixiante, escrita desde un pesimismo radical, donde todo se ve desde el prisma del esperpento y el "feísmo" y, especialmente, donde casi todo apesta (De Prada pone mucho énfasis en las descripciones olfativas). Fernando Navales, el protagonista y narrador, es un sociópata paranoico al que conocemos desde bien pequeño y que, a medida que crece, va perdiendo la serenidad devorado por su obsesión enfermiza hacia el que podríamos llamar también protagonista: Pedro Luis de Gálvez. Gálvez es un poeta de nacimiento; afronta la vida con pasión y valentía, nada puede pararle si se propone algo y es el bohemio por antonomasia. Navales se construye en contraposición a este: lo admira, le encantaría tener su talento y esa integridad especial, pero también lo repudia por eso mismo.

Prada, a través de la voz de Navales, se recrea en lo escatológico, en lo sórdido de las pensiones de mala muerte y la decrepitud de una sociedad en crisis. Y, en medio de esta escatología decrépita, para Navales sólo hay una cosa que sea luminosa: la belleza casi mística de algunas mujeres.

El autor hace desfilar a gran parte de los grandes nombres de las generaciones del 98 y del 27. Genios consagrados como Valle-Inclán, Baroja o Benavente son desmitificados, mostrándonos su parte más oscura y, cómo no, escatológica, apuntando que el éxito en ese mundo podrido dependía más de la estrategia y el amiguismo que del talento puro. Y otros aparecen floreciendo, como Dalí, Lorca o Alberti, con una especial mención a Buñuel, al que se le pinta como un ser bruto, homófobo y ligeramente ido.

Ante los ojos del protagonista se produce la formación de La Falange, un movimiento organizado en torno a la patria y al arte, en principio lejos de la fuerza. Y también ante él se genera la evolución del movimiento hacia algo violento y peligroso, del cual él va a formar parte activa. Navales no es un narrador fiable: nos engaña, narra el pasado con su cinismo y demuestra que su búsqueda del poder es solo una manera de llenar el vacío moral y espiritual que tiene dentro. Frente a él, Gálvez se alza como el único ganador moral de la historia: un hombre fiel a su arte y a su humanidad por encima de cualquier ideología.

A diferencia de la mirada compasiva de otros cronistas, Prada trata a sus personajes con una crueldad deliberada, pasándolos por el filtro del esperpento y el "feísmo". No busca que empaticemos con ellos, sino bajarlos del pedestal. El Madrid de Prada no es el Madrid luminoso y tierno de Galdós, sino una ciudad nocturna de copa, puro, prostíbulo y navaja; un escenario donde los intelectuales jugaron frívolamente con la pólvora hasta que las calles ardieron en el 36.

Oscura, goyesca y en un coqueteo constante entre la realidad y la ficción; no creo que Las máscaras del héroe sea una lectura para todo el mundo, pero para mí, después de 30 años de su publicación, entra de lleno en la lista de los grandes clásicos españoles.