El árbol de la ciencia
Antes de leer "El árbol de la ciencia", quise investigar un poco sobre Pío Baroja, pues sabía que era a una novela autobiográfica. Y sí, es fácil verlo: Andrés Hurtado, el protagonista, es un claro álter ego de un autor atormentado, huraño y con una profunda tendencia a la melancolía.
La novela es un testamento de la visión del mundo de Baroja, una filosofía vital marcada por un fatalismo casi asfixiante, no hace falta que lo remarque mucho, está claro que Schopenhauer fue una de las influencias más grandes de su vida. La existencia de Andrés es una sucesión de ilusiones que terminan, inevitablemente, en desilusión. No hay alegría que dure permanentemente, cualquier atisbo de luz acaba aplastada por la realidad. A través de sus ojos, Baroja lanza una crítica contra todo lo que se pone por delante de é: la sociedad hipócrita, la educación ineficaz, la medicina fraudulenta y la mezquindad del ser humano.
Por momentos, esta visión tan obcecada en la oscuridad me frustraba, me quitaba las ganas de continuar. Otras veces, simplemente sentía una profunda pena por esa incapacidad de ver la vida sin un velo de sufrimiento.
Por suerte, la novela ofrece contrapuntos. Las conversaciones con su tío Iturrioz son un gran acierto, presentando las ideas del autor al más puro estilo de los diálogos platónicos. Y sobre todo, está Lulú. Ella es la luz que le falta a Andrés, un personaje lleno de una vitalidad y una inteligencia natural que rompe con la oscuridad del entorno.
El estilo de Baroja es directo y sencillo, sin adornos innecesarios. Salvo en los capítulos más filosóficos, la prosa fluye con una claridad que es entendible para cualquiera, no se nota el paso del tiempo.
El final no podría ser otro, una novela como esta no podía acabar bien. He disfrutado de la lectura a ratos, pero debo admitir que la visión del mundo de Andrés Hurtado, y por tanto, la de Baroja, es tan diametralmente opuesta a la mía que me ha impedido conectar por completo con la obra. Es, sin duda, una lectura potente y memorable, pero también es un texto directo al centro del pesimismo.