Una Mujer
Mi última experiencia con Annie Ernaux me dejó un sabor de boca algo amargo. Al leer El hombre joven tuve la sensación de que no había mucha literatura en sus palabras; era un diario escrito de manera narrativa. Por eso dudé ligeramente cuando me llegó la reserva de la biblioteca de Una mujer, pero, al tener poco más de 100 páginas, decidí darle una oportunidad.
Una mujer es todo lo contrario a ese diario narrativo. Es un ejercicio de memoria, de apreciación y de duelo. Ernaux narra por épocas la vida de su madre, tanto desde su punto de vista como persona que convivió con ella, como desde el rol de narradora de lo que le fue transmitido antes de su nacimiento. En su descripción se pueden ver claramente dos facetas: la luchadora admirada con orgullo por su hija y la parte con sombras, donde se ubican los conflictos entre ambas. Pero en las dos se describe a una mujer fuerte, decidida y de convicciones.
Pero el libro no es solo sobre su madre: expone el dolor de saber que nunca vas a volver a escuchar su voz, que no vas a poder contarle sobre tu vida y que esa voz jamás volverá a sonar. Es el relato de una hija que siempre se ha visto definida por cómo era su madre. También trata de la incomprensión que los hijos tienen hacia los padres, y del intento de saber qué hay detrás de sus acciones sin conseguir lograrlo.
Está escrito de manera sencilla y auténtica. Logra algo mágico: generar una empatía tan fuerte que llegas a palpar su dolor y a sentirlo como algo cercano.
Sin duda, se coloca como mi libro favorito de Annie Ernaux.