Oxígeno
Para mí, Marta Jiménez Serrano tiene un don: narra con una sencillez difícil de conseguir, sin necesidad de estridencias ni artificios, pero con precisión y soltura. Su escritura encapsula la atmósfera de lo cotidiano, haciendo llegar los detalles de forma casi intuitiva, sin necesidad de subrayarlos. En Oxígeno, esta habilidad brilla especialmente a través de una estructura de saltos entre narraciones y relatos aparentemente inconexos que la autora enlaza durante todo el libro.
El libro nace de una negligencia por parte de su casera: una caldera en mal estado y sin permiso para operar provocó una intoxicación por monóxido de carbono que casi le cuesta la vida. A partir de esa experiencia cercana a la muerte, la autora construye unas memorias que giran alrededor del suceso, explorando su relación de pareja, experiencias similares que sufrió su madre siendo ella niña, la vida post-accidente y otros recuerdos dispersos. Y claro, no se puede leer esta historia sin ver la clara crítica al precario mercado del alquiler, una realidad que cualquier persona que viva en una gran ciudad en España conoce de sobra.
A mi juicio, la estructura no lineal es uno de sus mayores aciertos. La autora elabora la narración confiando en la inteligencia del lector, conectando recuerdos, sucesos y percepciones que, aunque objetivamente no tengan relación entre sí, ella logra hilar gracias a la profunda reflexión vital que surge tras el suceso central del libro.
Sin embargo, esta estructura es también el origen de su mayor debilidad: la sensación de repetición. Al volver una y otra vez sobre los mismos temas, el texto puede resultar redundante por momentos. Siendo sinceros, sobre el libro sobrevuela la sensación de que se ha alargado ligeramente sin necesidad. Pero, para quienes disfrutamos de la mirada de Marta, este es un mal menor.