Fronteras de clase

Lea Ypi 2025 ✧✧✧✧✧

Leído el 2026-05-06

no ficción

Fronteras de clase es una recopilación de tres publicaciones académicas de la autora publicados bajo el formato Cuadernos Anagrama. Al ser tres trabajos independientes, pero vertebrados sobre el mismo tema, en ocasiones se siente que la autora repite ideas ya explicadas en capítulos anteriores.

Los textos tratan de la relación del estado con la ciudadanía, la inmigración y la desigualdad. El primer capítulo trata sobre la ciudadanía. La autora argumenta que la ciudadanía para los estados es una mercancía, ya que es algo que ya no es otorgada sólo a los miembros de un estado sino puede ser adquirida por las personas no pertenecientes pero que puedan pagarla. Esto convierte a la ciudadanía en un componente de clase, ya que otras personas inmigrantes que no puedan pagar están sujetas a llegar al país y demostrar una competencia lingüística y de integración cultural. Pero, aún así, esta manera de demostrar que estás adaptado al país es más sencilla de probar cuando tienes sustento económico.

El segundo y el tercero tratan sobre posibles modelo de convivencia a los que los estados están intentando evolucionar para superar el conflicto migartorio. Se están utilizando dos modelos: el multiculturalismo y la supranacionalidad. El primero se basa en ampliar las manifestaciones culturales de las sociedades y ser tolerantes con culturas nuevas. El segundo se basa en ampliar la idea de nacionalidad, por ejemplo la Unión Europea. Pero argumenta que ninguna de las dos funciona y pone el ejemplo de como la UE no tiene fronteras internas pero crea muros cada vez más altos para las externas. Su propuesta es que los partidos de izquierdas adopten un nuevo modelo: la solidaridad basada en la clase social, donde el inmigrante no es el enemigo del obrero pobre, más bien es el compañero de batalla. Creo que esta parte peca de complejidad estructural; hay mucha grandilocuencia en sus frases, cómo sentando cátedra en cada línea. Mi problema de la propuesta de Ypi no es su intención, sino que en una era de políticas de identidad y precariedad estructural, apelar a una solidaridad de clase universal suena más a nostalgia del siglo XX que a una solución para el siglo XXI. Me da la sensación de que la palanca que propone no tendría fuerza en una sociedad donde el obrero y el inmigrante a menudo son obligados a pelear por migajas y en un momento donde el ciudadano está más inmerso en la realidad de las redes que en la tangible.