Maus
Maus es un cómic en dos partes que entrelaza dos narrativas: la historia de su padre sobreviviendo los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, y la del propio autor mientras lo entrevistaba para documentar y plasmar ese testimonio en la obra.
Al tratarse de un cómic protagonizado por ratones, de primeras lo leí como algo ligeramente ligero, pero cuanto más leía, especialmente al inicio de la segunda parte, empecé a darme cuenta de que es una de las obras que más tiempo se va a quedar conmigo sobre el holocausto. Puede parecer una exageración, pero hay tantas obras marcadas por un drama tan profundo que sientes dolor y pena por esas personas, pero no tanto empatía. Aquí, el autor narra la historia de su familia, cómo entraron y salieron de los campos, y todo lo que tuvieron que hacer durante esos años con una mezcla de drama y alivio cómico y de una manera tan mundana que logra narrar las barbaridades que se llevaban a cabo con mucha profundidad sin que el lector se sienta abrumado. Y personalmente esa manera de narrar me generó una empatía y un sentimiento que no me lo han provocado otras obras.
Además, el personaje del padre no está idealizado, todo lo contrario, se muestra como alguien huraño, tacaño que mira cada céntimo que gasta, con un inglés roto de inmigrante que no termina de adaptarse y como una persona casi inaguantable. Pero la mejor parte es que puedes entender por qué es así, ya que estás viendo por todo lo que ha pasado y no puedes más que empatizar.
Junto al padre, vive el fantasma de la madre, que se suicidó años después de salir de los campos. Su imagen sigue viva y el dolor que le provoca su recuerdo al padre hace que el hijo no sea capaz de llegar a conocerla en profundidad. Y esto es literal, ya que el padre quema los diarios de ella, junto a fotos y otros papeles, al no poder soportar los recuerdos.
El estilo de dibujo es aparentemente simple, pero cambia ligeramente reforzando, en ocasiones sutilmente, la narración. La metáfora de los judíos siendo ratones, los alemanes gatos, los polacos cerdos... parece sencilla e incluso burda, pero no lo es tanto como puede parecer. Parece burda porque es absurda, al igual que lo fue en su momento la separación racial. En cierto momento, las ratas protagonistas se esconden en un refugio lleno de ratas reales, y reaccionan con asco ante su presencia, reforzando la idea de la elección de la rata como animal para describir a los judíos.
Al inicio del segundo tomo, cuando el padre del autor muere, este aparece como un humano con careta de rata, creciendo y reduciendo de tamaño dependiendo de lo deprimido que se encuentre. La careta sirve como apoyo a su crisis de identidad: judío de familia superviviente que no llega a entender a su padre porque no sufrió el holocausto y además lucrándose de ello. Hay cantidad de este tipo de detalles: los caminos en Polonia tienen forma de esvástica, se muestra un cómic dentro de un cómic, se dibujan planos de cada búnker y cámara de gas...
Es curioso que una de las obras más redondas sobre el Holocausto sea un cómic, un formato a veces tildado de infantil. Maus usa el formato y va más allá de lo que pasó durante esos años, el daño no acabó cuando salieron de los campos, la herida sigue abierta en las siguientes generaciones.