Free Will
Sam Harris desarrolla una tesis muy interesante alrededor del concepto de "libre albedrío": ¿existe de verdad lo que llamamos "libre albedrío"? Su propuesta se presenta de forma clara desde el inicio del texto: no, no existe tal cosa. Pero, antes de llegar a esa conclusión, es fundamental definir a qué se refiere Harris con "libre albedrío".
Según Harris, el libre albedrío no es simplemente la oposición al determinismo. Para él, la noción de libre albedrío implica la creencia de que somos los responsables directos de nuestros pensamientos y acciones, que nuestras decisiones son el resultado de un proceso deliberado y autónomo. Sin embargo, Harris argumenta que lo que consideramos decisiones conscientes son, en realidad, el producto de procesos cerebrales y condicionamientos que escapan a nuestro control. En otras palabras, nuestras elecciones son el resultado inevitable de factores biológicos, ambientales y genéticos que determinan cada pensamiento y acción.
Estamos profundamente marcados por nuestro entorno: el lugar donde nacemos, nuestra familia, nuestros amigos, pero también lo que vemos en la televisión y a quién seguimos en internet. La mayoría de nuestros pensamientos no son enteramente nuestros; provienen de influencias externas. Además, gran parte de los procesos mentales que experimentamos se generan en nuestro cerebro de forma automática, sin que tengamos el mínimo control consciente. Esto no significa que seamos incapaces de modificar ciertos aspectos de nuestra conducta. Por ejemplo, estoy escribiendo esta reseña porque quiero y puedo hacerlo, y puedo seguir escribiendo una línea más o para aquí.
Harris no para aquí, entre en la componente moral y la responsabilidad. Reconocer que nuestras acciones y pensamientos están determinados por causas previas no disminuye necesariamente nuestra responsabilidad moral ni la importancia de la toma de decisiones consciente. No quita responsabilidad de los actos, pero nos invita a ser más compasivos con el resto de personas, ya que quizá sus actos no vengan de una reflexión profunda, sino de un condicionamiento previo que les provocó actuar de una manera determinada. De la misma manera, nos propone que seamos compasivos y comprensivos con nosotros mismos, quizá esas palabras en volumen más alto se deban a que tienes hambre, o que no consigas algo no depende 100% de ti. Y comprendiendo esto podremos tener algo más de control y conocimiento sobre cómo actuar.