El cuerpo en que nací
Guadalupe Nettel nos regala una novela autobiográfica que narra su proceso de crecimiento y autodescubrimiento a través de la relación con los diferentes entornos en los que vivió y de la relación con su familia. El libro me enganchó desde las primeras páginas, principalmente por su prosa ágil y entretenida.
Desde la primera vez que se menciona a doctora Sazlavski, te das cuenta de que el libro es un ejercicio de catarsis de la autora; una manera de ser consciente de quién eres a partir de quién fuiste y como creciste. Una de las grandes marcas en la vida de Nettel fue la relación con sus padres y su abuela. Es paradójico como unos padres en un principio liberales, se muestran contrarios a sus creencias cuando son sus hijos los que ponen en práctica lo que ellos defendían.
Soy un obseso del coming of age, por lo que la parte del despertar literario y sexual de la protagonista, la búsqueda de aficiones (como el fútbol algo que se reservaba a hombres), intentar encontrar amistades en las que apoyarse y verse reflejada, en resumen, todo lo que conlleva la construcción de una identidad propia, es algo que me gustó particularmente.
Es curioso la comparación de México DF con el sur de Francia. Se dan pinceladas en un inicio de lo que diferencia las dos regiones, pero en esencia no hay gran cambio en la vida de una adolescente algo inadaptada y con problemas familiares.
En ciertos momentos, y salvando mucho las distancias de la vida de cada una, la narración me recordaba a Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan.
El cierre me parece perfecto para un libro que no deja de ser una serie de textos sobre los pasos que has dado hasta ser quién eres, pequeños apuntes del por qué de la narración y de la situación a la que has llegado.