Panza de burro
En un tiempo donde las inteligencias artificiales amenazan con convertir todo lo que leamos en textos con el mismo estilo y tono, Andrea Abreu escribe un libro con una impronta muy personal, usando un lenguaje coloquial y costumbrista, que se siente como beber agua de un botijo en agosto.
En panza de burro, se muestra el inmenso mundo de una niña canaria y de su mejor amiga dentro de su pequeño barrio. Un relato costumbrista que se extiende durante un verano, entre la infancia y la adolescencia, donde la protagonista sufre un autoconocimiento muy fuerte (el primer amor, el no saber que le pasa a una por dentro...), todo escrito desde la mirada de una niña que ignora o no pone nombre a muchas cosas que los adultos sí tienen en su mente. Cada frase viene desde las entrañas de la autora, plagado de palabras y expresiones escatológicas que hace única la narración.
Relaciones de poder, amor, envidia y la playa como lugar aspiracional, tan cerca pero a la vez tan lejos, llenan los capítulos que componen el libro, muchos de ellos con finales abruptos, sin cierres claros, como es la vida en realidad. Además, el libro está plagado de referencias a la cultura popular de la época: Pokémon, la Game Boy, el Messenger... y eso ha aportado un punto de nostalgia que ha endulzado aún más la lectura.
Por último, he escuchado parte del libro en el audiolibro narrado por Sol de la Barreda. Su narración es de 10, clava cada interpretación y cada acento. Recomiendo muchísimo escucharlo, ya que le da una naturalidad que no tiene leyéndolo para los que no estamos acostumbrados a las palabras y expresiones de la zona.
A partir de aquí no sigas si no has leído el libro.
En mi opinión, no se merecía este final. Me ha dejado totalmente destrozado.