El adversario
Emmanuel Carrère siempre ha sido un eterno pendiente y después de haberme leído "La ciudad de los vivos" Nicola Lagioia, "El adversario" parecía buen punto de entrada, dado que mucha gente ha considerado que el libro de Lagioia bebe del de Carrère.
El libro empieza con un tramo novelado muy acertado para introducir al lector a la vida y el contexto de Jean-Claude Romand, desde el punto de vista de Luc que era uno de sus mejores amigos. Pocos spoilers se pueden hacer, ya que el final del caso Romand es conocido desde el inicio de la novela, así que tener conocimiento de su modo de vida de médico adinerado consigue que generar ganas de saber cómo y por qué hizo lo que hizo. Es decir no solo consigue colocarte en la historia, además te pone los dientes largos.
Tras esa introducción, el autor pasa a escribir en primera persona y, tras un tramo meta-literario donde cuenta cómo decidió escribir el libro y su correspondencia con Romand, empieza a relatar el suceso desde la distancia. Él es un mero observador que hace de cronista de unos sucesos sin ningún tipo de acercamiento sensacionalista y alejándose totalmente de los detalles escabrosos.
Entrando al desarrollo de los sucesos, cada dos por tres pensaba en estas conversaciones que todos hemos tenido donde se comenta lo inverosímil que es el desarrollo de tal o cual trama de una película porque en la vida real habrían pillado al asesino seguro. En las tramas de la vida de Jean-Claude Romand hay una cantidad inmensa de momentos donde una pregunta, una visita sin avisar o la revisión de las cartas de banco por parte de su mujer, habrían tirado abajo su farsa. Pero no. Gracias a la poca intromisión de su círculo cercano en su vida laboral y su confianza ciega en él, mantiene, durante cerca de dos décadas, una identidad inmaculada construida en base a montones de dinero defraudado a sus familiares. Si no supiéramos que el caso es real, diríamos que la historia está llena de agujeros.
Tan sorprendentes son su escapadas hacia adelante durante toda su vida, como el final de su historia en la cárcel: encontrando la tranquilidad del alma en Dios y en un grupo de creyentes que entienden que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Eso sí, si se está realmente arrepentido.