La carte et le territoire
Jed es un artista poco común, no acude a exposiciones, no va a fiestas y no tiene grandes contactos en la industria ni aspira a tenerlos. Es melancólico y no tiene grandes pulsiones. Llega a la fama a través de una colección de fotografías de la famosa Guía Michelín y consigue el éxito económico con una colección de obras centradas en personas realizando sus oficios, que, en la visión de Houellebecq, dan forma a las personas, hacen que seamos quienes somos.
Entre la narración de la primera parte, donde seguimos la vida de Jed, Houellebecq, critica a una parte de la sociedad de la época: la tacha de falta de valores, que se mueve solo por el hedonismo y dinero. Así presenta una sociedad francesa que se transforma para venderse a turistas dejando a un lado su identidad. Pero no se queda tranquilo solo con esto, también tiene lo suyo para el mercado del arte. Sí, mercado, porque, para él, en la situación del arte actual no hay ningún tipo de transgresión, está basada, como el resto de la sociedad, en enriquecerse. Es más, Jed trabaja en un cuadro con título Jeff Koons y Damien Hirst, repartiéndose el mercado del arte.
En la segunda parte la novela tiene uno de sus puntos más interesantes: el propio autor es un personaje. Jed pregunta a Michel Houellebecq, si puede escribir un texto para su próxima exposición. El autor describe a su yo personaje como misántropo, nihilista y borracho. Los dos van a mantener una relación distante (entre estos dos tipos no puede haber otra) pero van a sentirse cercanos: comparten la visión decadente de una Francia capitalista o la deriva de la arquitectura moderna odiando a Le Corbusier, entre otras cosas. Sintiendo esta cercanía Jed le ofrece la que será su última obra Michel Houellebecq, escritor en compensación por el texto de la exposición.
La última exposición de Jed tiene un éxito tremendo. Tanto él como su galerista se vuelven inmensamente ricos, cosa que no le trae más felicidad a él y hace desdichado a su galerista, persona que no está acostumbrada a vivir con esa abundancia. Durante toda la novela Jed se siente solo, no tiene una gran relación con su padre y no habla con las mujeres que han marcado una etapa de su vida, se siente solo pero sin intención de hacer grandes movimientos para cambiar esto. En este punto hace una visita a Houellebecq, que ha vuelto a la casa de su infancia, para entregarle su retrato, aquí Jed puede observar como el escritor ha resucitado viviendo en el campo con una existencia sencilla y ligera.
La novela cambia de tercio en el epílogo, dando protagonismo al inspector Jasselin investigando la muerte del propio Houellebecq. Aquí vuelve a enfocar el oficio como parte de la formación de la forma de ser de una persona. El texto toma tintes de novela negra y cierra con una proyección futura de una Francia donde los burgueses han vuelto a los pueblos y Francia ha completado su transformación y es un país de servicios para turistas.
Houellebecq hace lo que le da la gana, atiza a todo el que se mueve durante toda la novela aunque de una manera más sutil de lo que suele hacerlo otras. Me ha encantado el punto de meterse a sí mismo como un personaje más y asesinarlo antes de acabar. En resumen, un libro que se lee ligero que trata todo tipo de temas pisando todos los charcos que se encuentra en el camino