La dependienta
Keiko nunca ha sido una persona como el resto, no ha hecho las cosas como son dictadas por los estándares sociales. Por eso cuando consigue un trabajo en un supermercado 24 horas y se ve aprobada por sus clientes y compañeros, siente que ha encontrado su sitio. Su cuerpo vive en total sintonía con la tienda: los sonidos del día a día son música para sus oídos, entiende como funciona cada centímetro del establecimiento incluso se cuida físicamente sólo para dar su mayor rendimiento en la tienda. Pero después de 18 años, trabajar a tiempo parcial en un supermercado 24 horas, no es la mejor de las posiciones socialmente vistas. Si añadimos a que Keiko sigue soltera, las manos de todos los que tiene alrededor se van a la cabeza.
Escrito en primera persona, una Keiko que no entiende muy bien su situación frente al mundo: tiene que tomar prestado la forma de hablar y de vestir de los que le rodean para ser aceptada y usa escusas para justificar su modo de vida. Mientras cuenta su día a día, se ve el sin sentido que vive la sociedad japonesa, donde una persona que es económicamente independiente y que está feliz viviendo sola en su trabajo a media jornada, va a ser mirada con lupa por salirse del canon que tienen trazado para ella. Añade a la fórmula el ser mujer, donde se espera que te cases, tengas hijos y que seas ama de casa.
Siendo una lectura fácil y divertida, llega a sorprender que la sociedad japonesa esté tan atrás, en cuanto a los cánones tan establecidos para hombres y mujeres en un mundo tan globalizado como el actual.